Por miedo al infante del futuro…

Poder prever, poder imaginar el futuro, poder proyectar son características intrínsecamente humanas. ¿Pero no sentís que a veces dejamos que este futuro (incierto e inexistente en realidad) no nos deja centrarnos en el presente? Y no me refiero sólo a la dificultad de la presencia y la poca capacidad para simplemente estar sin escurrirnos entre la virtualidad y la mente que anticipa o marcha hacia el pasado. Sino sobre todo a cómo dejamos que este miedo al futuro nos dicte cómo actuar aquí y ahora en el cuidado y educación de nuestros/as hijos/as.

Son muchas las situaciones en las que percibo este miedo cuando me toca acompañar familias (y también como madre, claro está). He visto familias con miedo al futuro a la hora de elegir una escuela que les parece la mejor para ahora pero que les genera miedo en relación a lo que pueda pasar de aquí a nueve años (si es lo mejor para ahora realmente, ¿puede ser malo para después?). Familias con miedo a que si hoy dejan hacer una determinada cosa a su hijo/a, mañana no puedan limitarlo. Familias con miedo a que si no empiezan a establecer determinados hábitos hoy, el día de mañana su hijo/a sea incapaz de adquirirlos (pero: ¿son adecuados esos hábitos para su hijo/a a día de hoy?). Familias con miedo porque sus hijos/as no tienen todavía herramientas para expresar sus emociones de una forma empática y asertiva. ¿Os sentís identificados con alguna de estas situaciones?

Hay una cuestión clave en todo esto: de alguna manera vivimos la infancia como una preparación para el futuro. Como una preparación para la vida adulta. Pero no lo es. Evidentemente lo que pase en la infancia marca. Todas nuestras vivencias nos van llenando una mochila que siempre llevaremos, una mochila a la que tenemos acceso sólo en parte, y de la que desconocemos parte de su contenido porque una buena parte de lo que vivimos queda registrado de forma inconsciente. Pero, qué es lo importante de esta mochila?

Si bien lo que vivimos en la infancia tiene consecuencias en el futuro porque se trata de una etapa fundante de nuestra personalidad, de nuestro yo, esto no significa que a la hora de tratar con niños/as necesitemos actuar pensando en el futuro. Sino más bien todo lo contrario. ¿Y si cambiamos la mirada y nos centramos en lo que es hoy importante para nuestros/as hijos/as?

Un bebé que necesita experimentar la permanencia del objeto (el hecho de que los objetos y las personas siguen allí incluso cuando no las veo) haciendo desaparecer los objetos y reencontrándose con ellos más tarde, no lo hará siempre. Lo hará hasta que tenga integrado este concepto tan esencial para su evolución emocional que le permitirá, por ejemplo, separarse de sus cuidadores principales sin demasiada ansiedad. Ir estableciendo (a través de la experiencia) que la vida es una mezcla de novedad y repetición.

Si pensara que tengo que educar al bebé en que no tire los objetos al suelo y que no esconda galletas dentro de los zapatos porque si lo hace ahora lo hará siempre, mi prohibición le impedirá resolver ahora algo que necesita. Y además será una tarea hiperdifícil, no? Eso no quita que no ordene un poco esta actividad incansable, o que ponga límite a la ingesta de galletas mezcladas con polvo desodorante para pie (cuando me es posible!). O que simplemente aún entendiendo su necesidad pueda limitarla en momentos en los que esta actividad resulta incompatible con otras necesidades familiares o del espacio en el que estamos. Pero limitarla por miedo al futuro comportamiento de mi hijo sería muy contraproducente en su desarrollo.

Pongo este ejemplo porque creo que nos es más fácil de entenderlo cuando pensamos en un/a bebé pequeño/a. Pero en cambio pareciera ser que a cierta edad (bastante temprana por cierto) vemos que hay que ponerse serios y empezar a pensar en el futuro. Sin embargo cada etapa tiene sus necesidades concretas. ¿No creéis que si las respetamos estaremos favoreciendo el desarrollo de nuestros retoños a la vez que colaboramos con su felicidad actual?.

¿Qué tiene de malo dejarse guiar por el futuro al tomar decisiones en el presente? Generamos una dinámica de relación con la vida. No respondemos a las necesidades actuales de nuestros/as hijos/as y eso tiene un precio porque el mejor momento para resolver aquello que me pasa ahora es ahora.

El niño (y la niña!) vive en el hoy. Su presente es tan importante como su futuro. O mejor dicho es aún más importante: su presente es lo único que existe realmente. Igual que el nuestro, no? Y no viene a ser esto un nuevo llamamiento al carpe diem, sino sobre todo una llamada a la reflexión sobre cuántas de nuestras acciones relacionadas con nuestros/as hijos/as están guiadas por el miedo al futuro. Y subrayo miedo porque no es que no podamos pensar en su futuro, o no debamos pensarlo. Pero, ¿qué pasa si nos dejamos guiar por el miedo? ¿Y si en cambio buscamos nutrirlos/as hoy para que estén nutridos/as en el futuro?

No podemos saber exactamente qué necesitarán saber o cómo necesitarán comportarse el día de mañana, pero sí sabemos que hay algunas herramientas que les facilitarán moverse por la vida y convivir con los otros. ¿Qué podemos hacer para colaborar en que adquieran esas herramientas? ¿Y si los/as acompañamos en el hoy buscando articular una convivencia en la que las necesidades de cada miembro de la familia tengan su espacio?

¿Qué pasará si los nutrimos con nuestra presencia, con nuestro amor, con nuestra empatía y confianza; y también con nuestros límites, con nuestros enfados que nos muestran como personas de carne y hueso, imperfectas como ellos/as? Con nuestros errores y rectificaciones que les permitan equivocarse con tranquilidad. Podemos también nutrirlos con nuestro permanente crecimiento, con nuestro ejemplo en relación a esta capacidad que tenemos los seres humanos: poder seguir desarrollándonos toda la vida, aprendiendo a convivir con nuestra historia y buscando maneras de ser cada vez más empáticos y asertivos en la relación con los otros. Y confiar. Confiar en que, con nuestro imperfecto acompañamiento y nutrición centrados en lo que hoy necesitan, crecerán, se desarrollarán y se irán enfrentando a las situaciones que les ponga la vida de la mejor manera que puedan en cada momento. ¿Os veis capaces?

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